Compasión, Verdad, Generosidad

Senior and young holding hands

Dicen que cada persona que encuentras en la vida refleja un parte de tí. Cuando algo te atrae de alguien es porque reconoces algo atractivo en tu propia persona o algo que te gustaría tener. Por otra parte, cuando algo te disgusta, muy a menudo es algo que tú también posees y que prefieres no ver.
El éxito, en la vida o en los negocios, constituye el reconocimiento de los demás de que tu trabajo destaca y afecta a sus vidas de manera positiva. O sea, que en todo momento estarás expuesto/a a relacionarte con los demás, lo que significa que en cierta medida tu éxito personal puede llegar a depender tanto (o más) de tu capacidad para construir relaciones sólidas que de tus talentos propios.
Sólo te puedes relacionar con algo o alguien si aceptas que sois dos entidades distintas. Por lo tanto, existe y debe existir una frontera donde acaba una y empieza la otra. Una frontera que defina la intimidad de cada persona y que se tiene que respetar en todo momento. Esto es verdad sobre todo en materia de amor y amistad.
Pretender fundirse y perderse en otra persona es receta para el desastre y la pérdida de la relación. Tarde o temprano, el otro o la otra se dará cuenta que has dejado de existir y que se está relacionando con una especie de espejo o de vampiro emocional.
Reconocer que somos lo mismo es reconocer que estamos hechos de la misma materia y de la misma forma, que somos iguales pero diferentes. Hay que respetar y amar esa diferencia.
El interés representa el reconocimiento de la diferencia y del potencial de riqueza que te aporta. La cooperación es una forma de reconocer la igualdad en la diferencia. Somos dos entidades distintas que se necesitan y apoyan mutuamente. Cuando hay cooperación los esfuerzos no se suman, se multiplican. La generosidad es casi inevitable cuando te das cuenta de que, por mucho que intentes aferrarte a ellas, tus posesiones no forman parte de ti. No puedes pegarte el dinero al cuerpo, ni los coches, ni las casas, ni ninguna de tus posesiones. Cuando te aferras a eso, te instalas en el miedo y la ansiedad.
La compasión es la capacidad de tender un puente entre tú y otra persona, respetando las diferencias. Es reconocer que al ser una persona distinta, es capaz de experimentar sentimientos y sensaciones diferentes a los tuyos. La compasión no es empatía, porque la empatía sólo abre tu corazón cuando piensas que lo mismo que le pasa a la otra persona te podría estar ocurriendo a tí. Consiste en validar los sentimientos de los demás reconociendo sus derechos y valores intrínsecos. Es decir, tener capacidad para experimentar lo que el otro siente como si fuera propio, y también la capacidad para comunicarle esa comprensión nuestra de sus sentimientos.

P. casalta ferrer. marzo 2014.

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